¿Qué es el institucionalismo? Por Gleen Rogers.

El espíritu descontento es una característica de la humanidad. Todavía estamos buscando maneras en que podemos mejorar las condiciones de la vida. Pensamos en términos del futuro y de los cambios que haremos, coches más recios, hogares más amplios, máquinas de toda clase más poderosas y más automáticas, mejores sistemas de gobierno y relaciones más efectivas con la humanidad. Esta no es una característica de nuestra edad solamente, sino de todas las edades. Los problemas que tenemos hoy son nada más distintas manifestaciones del mismo espíritu descontento que todavía es evidente entre los hombres.

Adán y Eva (Génesis 2, 3) vivían “en el huerto del Edén al oriente” que Dios mismo plantó. En este jardín “todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida”. Allí en compañía del Todopoderoso, con todas sus necesidades proporcionadas vino sobre ellos, por Satanás, un espíritu descontento. Querían mejorar aún esta condición por ganar la sabiduría para ser “como dioses sabiendo el bien y el mal”. Sabemos bien el resultado de este espíritu. Perdieron la relación íntima con Dios, perdieron su hogar tan hermoso, perdieron todo en su esfuerzo por mejorarse. Recordemos a todos cómo Dios tomó a los hijos de Israel por la mano para guiarles de la tierra de Egipto hasta la tierra de la promesa (Exodo12). En el desierto, al pie del monte Sinaí, la gente esperaba mientras Dios con señales de su poder, dio a Moisés su ley para los israelitas, la cual escribió Moisés para preservarla.

Pero en los tiempo de Jesucristo los judíos habían escrito otras muchas leyes, las cuales ligaban sobre la gente como ligaba la misma ley dada por Dios. Y el libro de la ley “Talmud” era más grande que el libro de la ley de dios. El mismo espíritu descontento había venido sobre los judíos , para hacerlos descontentos con lo que Dios les había dado. Querían mejorar la ley, ayudar a Dios en las cosas que faltaban en su ley. Jesús tenía mucho que decir en contra de estos hombres que estaban “enseñando doctrinas y mandamientos de hombres”, y dijo: “Mas en vano me honrar” (Mt. 15:9). Otra vez vemos muy claramente el resultado de tener el espíritu descontento.

Por mucho tiempo podremos hablar de Naamán (2 Reyes 5), Nadab y Abiú (Lv. 10), los edificadores de la torre de Babel (Gn. 11), de Moisés mismo (Nm. 20), y de otros que invitaron a su seno el espíritu descontento e intentaron cambiar el plan de Dios para mejorarlo, y perfeccionarlo.

El mismo espíritu trabaja hoy. El Padre por el Hijo ha dado su plan a los hombres de la dispensación cristiana (Hebreos 1). El Hijo ha dado el plan del gobierno con el poder fijo en los ancianos de cada congregación. Pero este plan tiene limitaciones. Una congregación no puede hacer cosas en una forma gigantesca. Entonces dice el espíritu descontento: “Nos unamos para tener más poder. Formamos otro gobierno, otro sistema en el cual las congregaciones sean nada más partes. El plan de dios basta en tiempos modernos. Lo cambiemos; lo mejoremos; lo perfeccionemos”.

¿Qué, pues, es el institucionalismo?

  • La terminación “ismo” denota: condición, hechos, o doctrina.
  • El sufijo “al” indica: “de, como, o tocante a”
  • La palabra “institución” se define: “un cuerpo organizado”.

Podemos concluir que el institucionalismo, en el sentido en que se usa en conexión con la iglesia, es una condición o doctrina tocante al establecimiento de un cuerpo organizado para hacer la obra que Dios dio a la iglesia. Es engendrado por la idea de que el plan de Dios no basta. Es engendrado por el ESPÍRITU DESCONTENTO.

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EL INSTRUCTOR – 1954 – 1958.

Vista histórica de la controversia de los años 1954 a 1958 sobre la centralización y el institucionalismo, por medio de artículos de “El Instructor”. Bill H. Reeves, enero 1995.

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.¿Qué es el institucionalismo? Por Gleen Rogers.

El espíritu descontento es una característica de la humanidad. Todavía estamos buscando maneras en que podemos mejorar las condiciones de la vida. Pensamos en términos del futuro y de los cambios que haremos, coches más recios, hogares más amplios, máquinas de toda clase más poderosas y más automáticas, mejores sistemas de gobierno y relaciones más efectivas con la humanidad. Esta no es una característica de nuestra edad solamente, sino de todas las edades. Los problemas que tenemos hoy son nada más distintas manifestaciones del mismo espíritu descontento que todavía es evidente entre los hombres.

Adán y Eva (Génesis 2, 3) vivían “en el huerto del Edén al oriente” que Dios mismo plantó. En este jardín “todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de la vida”. Allí en compañía del Todopoderoso, con todas sus necesidades proporcionadas vino sobre ellos, por Satanás, un espíritu descontento. Querían mejorar aún esta condición por ganar la sabiduría para ser “como dioses sabiendo el bien y el mal”. Sabemos bien el resultado de este espíritu. Perdieron la relación íntima con Dios, perdieron su hogar tan hermoso, perdieron todo en su esfuerzo por mejorarse. Recordemos a todos cómo Dios tomó a los hijos de Israel por la mano para guiarles de la tierra de Egipto hasta la tierra de la promesa (Exodo12). En el desierto, al pie del monte Sinaí, la gente esperaba mientras Dios con señales de su poder, dio a Moisés su ley para los israelitas, la cual escribió Moisés para preservarla.

Pero en los tiempo de Jesucristo los judíos habían escrito otras muchas leyes, las cuales ligaban sobre la gente como ligaba la misma ley dada por Dios. Y el libro de la ley “Talmud” era más grande que el libro de la ley de dios. El mismo espíritu descontento había venido sobre los judíos , para hacerlos descontentos con lo que Dios les había dado. Querían mejorar la ley, ayudar a Dios en las cosas que faltaban en su ley. Jesús tenía mucho que decir en contra de estos hombres que estaban “enseñando doctrinas y mandamientos de hombres”, y dijo: “Mas en vano me honrar” (Mt. 15:9). Otra vez vemos muy claramente el resultado de tener el espíritu descontento.

Por mucho tiempo podremos hablar de Naamán (2 Reyes 5), Nadab y Abiú (Lv. 10), los edificadores de la torre de Babel (Gn. 11), de Moisés mismo (Nm. 20), y de otros que invitaron a su seno el espíritu descontento e intentaron cambiar el plan de Dios para mejorarlo, y perfeccionarlo.

El mismo espíritu trabaja hoy. El Padre por el Hijo ha dado su plan a los hombres de la dispensación cristiana (Hebreos 1). El Hijo ha dado el plan del gobierno con el poder fijo en los ancianos de cada congregación. Pero este plan tiene limitaciones. Una congregación no puede hacer cosas en una forma gigantesca. Entonces dice el espíritu descontento: “Nos unamos para tener más poder. Formamos otro gobierno, otro sistema en el cual las congregaciones sean nada más partes. El plan de dios basta en tiempos modernos. Lo cambiemos; lo mejoremos; lo perfeccionemos”.

¿Qué, pues, es el institucionalismo?

  • La terminación “ismo” denota: condición, hechos, o doctrina.
  • El sufijo “al” indica: “de, como, o tocante a”
  • La palabra “institución” se define: “un cuerpo organizado”.

Podemos concluir que el institucionalismo, en el sentido en que se usa en conexión con la iglesia, es una condición o doctrina tocante al establecimiento de un cuerpo organizado para hacer la obra que Dios dio a la iglesia. Es engendrado por la idea de que el plan de Dios no basta. Es engendrado por el ESPÍRITU DESCONTENTO.

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EL INSTRUCTOR – 1954 – 1958.

Vista histórica de la controversia de los años 1954 a 1958 sobre la centralización y el institucionalismo, por medio de artículos de “El Instructor”. Bill H. Reeves, enero 1995.

CRISTIANO No DENOMINACIONAL Hechos 11:26

INTRODUCION

A – El mundo de hoy día casi no conoce nada acerca del cristianismo no denominacional. Para muchos es difícil        dar cabida a la idea de que uno puede ser solamente cristiano. Hechos 11:26  Y se congregaron allí todo un          año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en            Antioquía. .

B – Apenas uno afirma que es cristiano, la pregunta que invariablemente le hacen es esta: « ¿A cuál                      denominación pertenece usted?». Se niega incluso la idea de que una persona puede ser cristiana sin             pertenecer a denominación alguna. Si uno osa afirmar que es cristiano y niega tener afiliación denominacional alguna, le impondrán un nombre denominacional.

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